Opinión

¿Qué podemos hacer?

¿Qué podemos hacer?

Si se tiene un accidente y resulta una persona herida, como buen ciudadano usted se queda en la escena y llama a los servicios de emergencia. Como estos nunca llegan, si ha tenido la suerte de no haber sido subyugado, intimidado o atracado por alguna turba residente en los alrededores, procede a llevar personalmente al herido a la clínica. Luego va a la Policía a declarar respecto de lo ocurrido, y su acción es premiada con una detención de al menos 48 horas para “investigación”, lo que adicionalmente puede significar su empleo.  

 Si usted es atracado, y queda vivo para contarlo, como buen ciudadano va a la Policía y pone su denuncia con la esperanza de que eventualmente los delincuentes sean atrapados y sometidos a la acción de la justicia. Si de hecho estos son aprehendidos, y es llamado a identificarlos, corre el riesgo de que por el contrario ellos le identifiquen a usted, y que una vez liberados (como habitualmente ocurre), quede expuesto a ser asesinado.

 Si usted es atracado y tiene la suerte de matar a uno o todos los atracantes en su defensa, como buen ciudadano va a la Policía y hace sus declaraciones. Usted, naturalmente, queda preso, rodeado de abogados tratando de sacarle hasta el último centavo de sus bolsillos, enviado a prisión, da por sentado que pierde su empleo, posiblemente sus bienes, y seguramente su pacífica vida tal y como la vivía hasta ese día.

 Si una pareja de ladrones entra a su hogar y logra detenerlos con su arma sin herirlos, como buen ciudadano llama a la Policía y se los entrega. Va al destacamento al poco rato a poner la denuncia como corresponde, y a los tres días le informan que tuvieron que liberarlos. Ahora los ladrones no sólo están libres, sino que conocen su nombre, donde vive con su familia, donde trabaja y como se mueve. Su vida ha quedado expuesta a lo peor.

 Si en el mismo caso anterior le resulta imposible hacer resistencia al robo sin defenderse disparando el arma, y en efecto mata a uno o ambos ladrones dentro de su propiedad, es altamente probable que quede preso y sometido a un juicio inconvenientemente extenso, con todo lo que eso conllevaría. Si llega a ser puesto en libertad y uno de los ladrones, amigos o familiares sobrevive, la poca vida que aún le quedaría corre peligro.

 A esas realidades se enfrenta diariamente el promedio de los ciudadanos dominicanos respetuosos de las leyes. Hacer lo correcto o preservar su propia vida es castigado por el mismo sistema que debe protegerle, pero que fracasa continuamente, en ello. Castigo que suele derivar en consecuencias nefastas para sus vidas y que nunca son por ellas resarcidas.

Resulta pues probable que la mayoría de los actos criminales ni siquiera sean reportados, y quienes los ejecutan no sólo queden impunes por las debilidades del sistema, sino que adicionalmente se benefician de la inmunidad que les otorgan sus víctimas que no les denuncian al entender que la justicia nada podrá hacer en su defensa, sino que por el contrario, podría poner en juego su libertad e incluso la vida.

 Como seres humanos, nuestros instintos más básicos nos mueven a actuar por incentivos, y ahora mismo parecen haber cada vez menos para hacer lo correcto en esta triste excusa de país en la que vivimos.

El Nacional

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