En días recientes se han expresado preocupaciones por las fracturas que afectan al PRD, bajo el infeliz argumento de que el gobierno ilegitimo y la dictadura institucionalizada del pele-leonelismo se quedaría sin oposición si eso acontece.
Me parece muy superficial ese criterio. El PRD -invadido y controlado por una partidocracia corrompida y sectores del gran capital, convertido en una corporación para negocios sucios- hace tiempo que dejó de ser oposición a todo eso, distanciándose paulatinamente del deseo de sus propias bases.
Una de las dos facciones de esa partidocracia es un instrumento de la cúpula del PLD y colaboró con la imposición fraudulenta del partido morado en las pasadas votaciones.
La otra ha hecho alianzas coyunturales con esa cúpula y aceptó pasivamente esa imposición, alejándose más del sentir de sus votantes. Ella, además, está integrada al sistema bipartidista y a la institucionalidad que reproducen el círculo vicioso que degrada la sociedad dominicana, saquea los recursos del país y empobrece al pueblo.
Nunca he deseado que desaparezca físicamente la gran franja popular perredeísta. Ni siquiera he acariciado semejante idea respeto a la militancia balaguerista, cuyo partido está en proceso de desintegración; hecho inocultable, aun con la ficción del 6% fraguada por la perversa mano morada.
Pero sí creo que para salir de este proceso destructivo es bueno que el PRSC se esté desintegrando, que el PRD transite una ruta similar, que se agudicen las pugnas soterradas en el PLD y, sobre todo, que lo antes posible el pueblo sin ajustarse obligatoriamente al calendario electoral oficial- les dé una lección contundente, castigando e impugnando la ilegitimidad, el abuso y la corrupción que representa como partido-Estado.
Nadie habrá de verme preocupado, sino alegre, porque este sistema de partidos y esta seudodemocracia entren en crisis, camino a desaparecer o desintegrarse. Contribuir a eso es una de nuestras metas.
Aquí no hubo elecciones, sino votaciones viciadas. Aquí no hay partidos tradicionales democráticos, sino entidades convertidas en compañías por acciones y controladas por mafias políticas y empresariales.
Aquí no hay democracia, sino dictadura institucionalizada y corrompida, por momento por dos partidos y por momento por uno, como ahora.
Aquí hay un gran vacío en cuanto a hacerle oposición a toda esta porquería, que será llenado paso a paso por una nueva fuerza política-social en progresiva gestación al compás de la agudización de todas las vertientes de la crisis del capitalismo, de su neoliberalismo y de su partidocracia.

