Opinión

QUINTAESENCIA

QUINTAESENCIA

POR: Rafael Ciprián
rafaelciprian@hotmail.com

 

Ascenso al pico Duarte

 

Aceptar la invitación del médico, ecologista, escritor y periodista José Díaz para unirme al grupo que subiría con él al Pico Duarte este año, después de haberla aplazado por más de diez años anteriores, lo que demuestra su perseverancia y voluntad, representó un paso gigantesco y positivo que marca mi inicio del año 2014. Ascender al punto montañoso más alto de El Caribe, con 3,087 metros sobre el nivel del mar, por su trascendencia patriótica y personal, es un acontecimiento. Pruebas al canto.

Llegar al Pico Duarte es una travesía de una singularidad patriótica especial. Basta que quien lo intente tenga la formación histórica y la sensibilidad social necesarias para pensar que avanza hacia el lugar donde está el busto más elevado del Padre de la Patria, Juan Pablo Duarte, y donde hondea la bandera tricolor, ¡arriba, más arriba!, desafiando los vientos más fuertes y continuos que pasan por la República. Esto tiene un valor mítico, místico, metafísico y trascendente.

Visitar ese lugar es honrar a Duarte, el dominicano más ilustre y abnegado del país. No escatimó sacrificios para legarnos una nación libre e independiente de toda potencia extranjera, como lo dejó consagrado en su ideario y su práctica inmaculados; el primer constitucionalista de la República, como lo reconoció acertadamente el Tribunal Constitucional, por ser el primero que redactó un proyecto de Pacto Fundamental, cuyas líneas jurídicas orgánicas y normativas generales se han mantenido en más de tres decenas de reformas a la Carta Magna. Y por su vocación de servicio ilimitado y su enseñanza ejemplar de que a la Patria no se le usa, se le sirve.

En lo personal, representa una prueba de esfuerzo. Todo cardiólogo con curiosidad científica, le gustaría monitorearla. Si se hace a pie, sin montura animal, como debe ser, desde el punto en que no es posible avanzar con carro, exige condiciones físicas y voluntad templadas.

Además, la vida del viajero se transforma por el inevitable diálogo interno que tiene en esos escenarios espectaculares. Por las caminatas forzadas de más de seis horas consecutivas, bajo frío inclemente o sol abrasador, por varios días, subiendo y bajando las escarpadas montañas de Quisqueya; por lugares inhóspitos, en que solo se puede avanzar uno a uno; en que se pisan piedras sueltas que parecen navajas o lodazales en que se suelen perder los calzados, y dejan huellas en todo el cuerpo, con las caídas y resbalones; en que los precipicios de lado y lado abruman; en que la majestad de las montañas y los valles verdes maravillan; en que se aprende a seguir reglas y a obedecer órdenes, con fraternidad. José Díaz, el poeta Rafael P. Rodríguez, el médico y militar Osvaldo Lorenzo y su ejemplar hijo, la arquitecta Ana Vilma Gómez, la magistrada Catalina Arriaga, entre otros, fueron mis magníficos compañeros. Todo dominicano debe llegar al Pico Duarte.

Subí al Pico Duarte y le dije al Patricio cómo anda su República soñada.

El Nacional

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