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Quintaesencia

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Rafael Ciprián

Justicia independiente.-

Por: Rafael Ciprián
(rafaelciprian@hotmail.com).-

La entrega anterior la concluimos asegurando que la razón de que el gobierno del presidente Luis Abinader concluyera sus primeros cien días con una alta aprobación de la población se debía a su promesa electoral de que impulsaría una justicia independiente, y que había cumplido esa oferta.

La cumplió con la designación en el Ministerio Público. Es el sector del Poder Judicial donde podía incidir de inmediato, con una mutual irreprochable.

Se trata de las honorables magistradas Miriam Germán Brito y Yeni Berenice Reynoso, como Procuradora General de la República y Procuradora General Adjunta (PGA), respectivamente. Y no nos defraudarán.

Y luego se completó el trípode perfecto para trazar y ejecutar la política contra la delincuencia y la persecución de la corrupción con la designación del honorable magistrado (PGA) Wilson Camacho.

Y, más aún, para completar las cuatro patas de la mesa en que se servirán los resultados de la gestión, ahí está el también honorable magistrado (PGA) Rafael Leónidas Suárez.

Nuestra sociedad vive ansiosa de una justicia que esté libre del narigoneo con que siempre la han manejado los gobernantes que hemos tenido desde la fundación de la República.

Y desea que tampoco se comporte como el brazo jurídico ejecutor del Gobierno de turno para descalificar opositores, ni como una vedette, arrastrada por el populismo penal, ni tenga culpables favoritos, ni vea al través de la venda que cubre sus ojos a los pobres como portadores de rostros sospechosos, ni aplique medidas judiciales bajo el criterio del derecho penal del enemigo.

Hay que evitar esos vicios que caracterizan la función punitiva del Estado.

Tenemos que avanzar hacia una justicia institucionalizada, con jueces comprometidos con su sagrado ministerio de dar a cada uno lo que le corresponde, como nos enseñó el jurista romano Domicio Ulpiano.

Esa justicia es la que necesitamos. La que respeta el sistema, el orden constitucional y legal, la seguridad jurídica, las garantías, los derechos fundamentales, la dignidad humana.
Así todos nos sentiremos bien representados por nuestros gobernantes.

La administración de justicia influye y determina, directa o indirectamente, y de manera transversal, en todas las instancias de la vida social, económica y política de la nación. Las personas, sin importar su condición social, se sienten seguras. Y los capitalistas nacionales y extranjeros invierten sin sobresaltos.

Hemos afirmado muchas veces que Confucio, el gran sabio chino, afirmó que donde existe justicia, no hay ni hambre.

Ciertamente, así es. No existe ni puede existir una justicia buena o una justicia mala. La justicia solamente es o no es justicia. Y lo que es depende de cada uno de nosotros.

El Nacional

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