Leslie Rosado
La muerte de la joven arquitecta Leslie Rosado, por un balazo que le propinó un policía en la cabeza, ha conmocionado a la sociedad dominicana. Según las investigaciones que se han conocido, la víctima era perseguida por su victimario. La primera se trasladaba en una Jipeta Mercedes Benz blanca y el segundo, en un motor. El policía disparó su arma por lo menos dos veces, porque aparece una perforación en el vehículo todo terreno y el otro, impactó en la cabeza.
Conforme a la versión oficial inicial de la policía, basada en el informe del victimario, este fue chocado por atrás, mientras transitaba en un motor, con su mujer y sus dos hijos, rumbo a Boca Chica. Y que la hoy fallecida emprendió la fuga, mientras que la familia del policía permanecía en el suelo.
No han faltado los comentaristas que han especulado sobre un posible asalto en contra de la arquitecta. Son muchos los dirigentes políticos y otras personalidades que han exigido una investigación seria y profunda, que esclarezca los hechos y se logre el castigo correspondiente.
Y no es para menos. Ha resultado muerta una mujer más, en un hecho de violencia inaceptable, que involucra a un hombre que, para más agravante, es un miembro de la institución del orden público, llamada a protegernos a todos, y no asesinarnos.
Pero lo que más nos asombra de esta tragedia es que se levantan las voces que exigen una reforma policial, como cada vez que se producen semejantes desgracias, relacionadas con uniformados.
La reforma policial no es una panacea contra los males que generan la delincuencia y la inseguridad social. Tampoco resuelve los trastornos mentales que padecen muchos policías ni la falta de respeto de los derechos fundamentales.
Otros creen en el cambio de leyes, como el reclamo de un nuevo Código Penal, con penas agravadas hasta la insensatez, para enfrentar la delincuencia.
Esos señores están convencidos de que las reformas policiales y el aumento de las penas eliminarán la inseguridad ciudadana. Ni una ni otra garantiza nada. Los policías seguirán siendo lo que son, porque salen de los sectores más depauperados y con un notorio resentimiento social. Y el endurecimiento de las penas, incluyendo la de muerte, no han evitado los crímenes y delitos en ninguna parte del mundo.
Muchos creen, lamentablemente, que la fiebre está en la sábana, porque la sienten caliente y sudada, y obvian el cuerpo del enfermo. Las causas de esas tragedias están en la descomposición social que padecemos. En la corrupción administrativa y el mal ejemplo que dan nuestros dirigentes políticos.
Leslie Rosado, embarazada, fue víctima de la costumbre trujillista de una policía que resuelve a balazos. Esa muerte nos impactó a todos, porque en la actualidad nadie está seguro.

