La decisión de la primera dama Margarita Cedeño de Fernández de retirar su precandidatura presidencial por el Partido de la Liberación Dominicana (PLD), después de haberse montado una gran maquinaria propagandística, es un gesto que la enaltece en su condición de dirigente política, de mujer y de ciudadana.
Es evidente que el gesto de la doctora Cedeño de Fernández puede ser objeto de muchas interpretaciones. Cada una llevará a conclusiones particulares.
Muchos pensarán que ella fue víctima del machismo que reina en nuestro país. Se refleja de manera inevitable en los partidos políticos. Algunos se resisten a respetar la condición de sujeto social de la mujer. La quieren como objeto o cosa decorativa. En la práctica, porque en la teoría se manifiesta la hipocresía elevada a la quinta potencia, olvidan que la mujer es una persona con plena capacidad y derechos.
Nuestro orden constitucional prohíbe toda discriminación por razones de género. El numeral 4 del artículo 39 de la Carta Magna, que trata del derecho a la igualdad, reza: La mujer y el hombre son iguales ante la ley. Se prohíbe cualquier acto que tenga como objetivo o resultado menoscabar o anular el reconocimiento, goce y ejercicio en condiciones de igualdad de los derechos fundamentales de mujeres y hombres. Se promoverán las medidas necesarias para garantizar la erradicación de las desigualdades y la discriminación de género.
Otros podrán afirmar que la doctora Cedeño hizo gala de su bondad y desprendimiento. Toda mujer, y más cuando es madre, posee esas virtudes en grado sumo. Ese criterio está fundamentado en la comunicación que ella envió al doctor Leonel Fernández, como presidente del PLD, no como esposo ni como presidente de la República; al doctor Reinaldo Pared Pérez, en su condición de secretario general del partido, y al doctor César Pina Toribio, quien coordina la Comisión Nacional Electoral morada. Dijo: Consciente que sabe Dios y los que me conocen que nada de lo que hago y he hecho en la vida ha sido por apetencias personales, y que no quisiera ser fuente de división en la organización que milito y a la que le he dedicado buena parte de mi vida, y mi esposo también, declino a la precandidatura presidencial.
En la política, como en la vida, no hay nada químicamente puro. La decisión de la distinguida dama obedece a presiones de terceros y a virtudes personales. Esa es la verdad monda y lironda. No puede ser de otra manera. Es el reflejo de la lucha social llevada al terreno de la lucha política.
Todos sabemos que Margarita Cedeño de Fernández es una mujer inteligente, bien formada e intelectualmente muy capaz. La forma en que se manejó en este período lo prueba una vez más. Sabe que puede esperar y que no hay razones para apresurarse. La paciencia y la prudencia son parte de sus virtudes. Hay que matar el machismo y reconocer que Margarita es un buen ejemplo en nuestra sociedad.

