El presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez, es un ejemplo formidable de lo que debe ser un líder político. En él se resumen las cualidades de un conductor de pueblos y de un luchador por los mejores intereses de los pobres del mundo. No tiene ambiciones personales. Busca mantener y aumentar el poder político que tiene solo con el objetivo de servir mejor a la causa que representa. Los políticos de pacotilla que abundan en Nuestra América, como la llamó el inconmensurable José Martí, deben aprender de él.
Para Chávez, el gobierno no tiene sentido si no protege a los que todo lo producen y no disfrutan de nada que no sea ilusión. Hasta lo poco que creen tener, como maldición bíblica, se lo quitan.
Cuando en un país surge una personalidad como el comandante Chávez, los cimientos de las injustas estructuras del sistema se resquebrajan. Los privilegiados de siempre, nunca comprenden ni aceptan los cambios necesarios. Pero el líder verdadero no es el que se mantiene en el poder o logra conquistarlo reiteradamente, sino el que vive para servir a su pueblo. Y lo hace sin acobardarse. Sabe que su vida está entregada a un ideal y avanza para lograrlo sin hacer concesiones que perjudiquen a las mayorías nacionales.
Todos los que hemos seguido el accionar político de Chávez sabemos que no es ni farsante ni oportunista. Está muy lejos de esos especímenes sociales que tanto abundan en nuestras tierras. Es auténtico, veraz y confiable. Sabe llamar al pan pan y al vino, vino. Y al momento de beneficiar a los pobres, no se arredra ante las dificultades ni los ataques virulentos que suelen hacer los que viven chupándoles la sangre, como gigantescos y repugnantes vampiros, a esos infelices.
Los políticos que actúan como Chávez tienen la gloria asegurada. Eso es lo que explica la reacción solidaria de millones y millones de personas en el mundo entero frente al estado de salud de Chávez. El cáncer que se lo quiere comer tiene de frente a la buena voluntad y los deseos de una pronta recuperación de la salud de todos los hombres y mujeres sensibles de la Tierra.
Hugo Chávez es el líder político que las multitudes quieren y necesitan. Los centros elitistas de intelectuales europeos y algunos repetidores latinoamericanos de esos nichos de francotiradores, acusan a Chávez de ser populista. Y lo es en el mejor sentido del concepto. Las masas populares lo aclaman. Se sienten protegidas por él y saben que no las manipula ni las traiciona. Las educa.
El comandante de la Revolución Bolivariana de Venezuela es un continuador legítimo de Simón Bolívar y José Martí. Es un buen ejemplo de lo que debe ser un político que respeta y ama a su pueblo y al mundo.

