Cualesquiera fueran las causas, alarma e inquieta la cancelación en los últimos cuatro años de más de 100 mil empleados de zonas francas que denunció el sindicalista Jacobo Ramos. Sea por problemas de competitividad, la crisis energética o la baja rentabilidad a causa de los altos costos de producción la verdad es que las zonas francas han perdido la incidencia que tenían en la economía. Muchas firmas han cesado sus operaciones y otras se han marchado en procura de mejores condiciones laborales. El Gobierno ha reconocido la crisis con acuerdos como el suscrito por el presidente Leonel Fernández con los empresarios del área para relanzar a esas empresas. Con los datos aportados por el secretario general de la Federación Nacional de Trabajadores de Zonas Francas, quien dijo que últimamente se ha perdido más del 50 por ciento de los empleos del sector, el acuerdo suscrito por el presidente Fernández se torna urgente y necesario. Muchas mujeres sin ningún tipo de preparación se ganaban el sustento en empresas que además generan miles de empleos indirectos. Cualquier sacrificio para recuperar y fomentar empleos es más que necesario, sobre todo en momentos tan difíciles como los actuales.
Narco no se detiene
Numerosas confiscaciones y detenciones de estos días confirman la amarga realidad de que el narco no se detiene. El kilogramo de cocaína pura confiscado dentro de una yipeta abandonada en el ensanche Alma Rosa, de Santo Domingo Este, alerta sobre la alarmante proliferación de drogas. Ese y otros casos son para que las autoridades ni se fíen ni se duerman en sus laureles en la intensa batalla que están llamadas a librar contra el narcotráfico. La gente tiene la percepción de que por cada kilo que se incauta son muchos los que llegan a su destino a través de la red que opera el criminal negocio. Se necesitan controles más rigurosos. No hay necesidad de histeria, pero el hecho de que niños y ancianos hayan sido ligados a la distribución de drogas refleja la dimensión de la plaga que amenaza a la sociedad. La droga encontrada en la yipeta Mitshubishi indica que se tiene que abrir más el ojo para evitar que el territorio pueda terminar arropado por el flagelo.

