El moderno radar que acaban de adquirir los institutos armados podrá ser muy útil, pero si la finalidad es perseguir el narcotráfico el aparato llega tarde. De acuerdo con el presidente de la Dirección Nacional de Control de Drogas (DNCD), Rolando Rosado Mateo, los traficantes de drogas han optado por la vía marítima en lugar del espacio aéreo. El radar es el primero de tres por los cuales el Gobierno invirtió 35 millones de dólares para prevenir el bombardeo de drogas y otras violaciones al espacio. Los aparatos, cuya función parece que será sólo decorativa, están llamados a correr la misma suerte de los costosos aviones Tucano adquiridos en Brasil. Las autoridades podrán jactarse, por supuesto, de citar los equipos como parte de la inversión que han efectuado para combatir el narcotráfico y vuelos clandestinos desde y hacia el territorio. No es censurable que se defienda y proteja el espacio aéreo como parte de la soberanía nacional. Lo aconsable, sin embargo, es que los gastos se correspondan con las reales necesidades de la población. El país no está en condiciones de darse el lujo de radares y tucanos para combatir un crimen que, según las propias autoridades, ya no utiliza la vía aérea para sus operaciones.
Cristina en la pira
Pura candela es lo que espera a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, que no es santa de devoción de los sectores más conservadores, tras propiciar el matrimonio entre homosexuales en Argentina. Una Iglesia Católica que en países como República Dominicana ha impuesto que se criminalice constitucionalmente el aborto no perdonará que en Argentina se apruebe el casamiento de parejas de un mismo sexo. Aunque el descrédito por los escándalos de pederastia se erige como un pesado lastre para la fe católica. La tolerancia en Argentina hacia los homosexuales presupone que el matrimonio en cuestión hubiera sido una realidad con cualquier gobernante. Pero es posible que la decisión sea utilizada de ariete por los sectores conservadores para arreciar la ofensiva contra la mandataria, quien últimamente, dicho sea de paso, ha sido blanco de candente campaña por supuesto enriquecimiento ilícito. Con o sin ley los homosexuales son una realidad. Es la verdad.

