Resulta alentador que estudiantes de escuelas y colegios privados sean los mayores visitantes de la XVI Feria Internacional del Libro. Son ellos, como portadores del futuro, los más indicados para abrevar en la fuente del saber que representa la palabra impresa. Lo ideal sería que lean, pero el contacto de por sí con el ambiente del libro y la cultura augura grandes esperanzas. El mayor interés del evento debe ser atraer potenciales lectores y motivar la lectura. Sin dejar de estimular el aspecto comercial, como es la venta. Los libros, que se promueven como los verdaderos protagonistas del evento, almacenan todo el conocimiento, la sabiduría, el desarrollo y la historia de la humana. Pero también son esos compañeros que jamás defrauden, lo mismo dispuesto al silencio que a la charla. Sobra recordar que toda sociedad, mientras más culta, es más desarrollada. Todas las actividades sociales, culturales y artísticas, además de entretener, deben tener la finalidad de motivar la lectura. Que por ahora los mayores visitantes sean estudiantes de escuelas públicas y colegios privados es un signo promisorio. Lo mismo que la intención del Ministerio de Cultura de convertir al libro como real protagonista de la Feria.
Concurso conflictivo
La licitación abierta por la Junta Central Electoral (JCE) para la renovación de la cédula de identidad ha generado otra controversia en el organismo. El magistrado Eddy Olivares ha solicitado al presidente de la JCE, Roberto Rosario, dejar sin efecto la convocatoria bajo el alegato de que en el proceso se han violado las leyes sobre Crédito Público, de Compras y Contrataciones de Bienes, Servicios y Concesiones y la de Presupuesto. La licitación, que también cuenta con la oposición del magistrado José Angel Aquino, es para la compra de equipos, materiales y servicios para la impresión de un nuevo formato de la cédula de identidad y electoral. Al solicitar que se desconvoque el concurso, Olivares señala que la JCE no tiene potestad para ordenar el cambio simultáneo del documento. La verdad es que, por la falta de consenso, el organismo se ha convertido en un cuerpo fértil para el ruido y la confrontación. El escarceo sobre la licitación para renovar la cédula es otra muestra fehaciente.

