Página Dos

RADAR

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La basura que inunda el Distrito Nacional, Santo Domingo Norte y Santo Domingo Este se ha convertido en objeto de preocupación para el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). A tal punto que el organismo ha patrocinado un estudio como paso previo para colaborar en la solución de un problema que afecta la salud, el ornato y la industria turística. De un tiempo a esta parte la basura se esparce por diferentes puntos de ciudad, ante la irritación de la gente y la impotencia de las autoridades. Se trata de un problema que se agrava por la confluencia de muchos intereses no sólo de tipo políticos, sino también económicos. La verdad es que se tiene que agradecer que el BID esté dispuesto a colaborar con el drama de los desperdicios, que tan mal aspecto ofrecen de la ciudad y zonas periféricas. Aunque la colaboración también produzca vergüenza. No puede ser que los alcaldes no estén en capacidad de enfrentar el principal desafío de las gestiones municipales. Cabe esperar que el estudio encargado a consorcios japones sea realizado antes de que los montones de basura se traguen a los residentes en el Gran Santo Domingo. Porque si mucho abunda en las calles de esas demarcaciones son los montículos de desperdicios.

Crímenes familiares

Aterra la versión según la cual los crímenes familiares se incrementaron en un 12% en los primeros seis meses de este año. Las causas son múltiples, pero esa violencia intrafamiliar también  cuestiona la función de diferentes entidades públicas. Ha de notarse que la proporción sólo se refiere a los casos de parejas o exparejas, sin tomar en cuenta agresiones de hijos a padres o viceversa. Como son más numerosos y alarmantes se hace mayor hincapié en los feminicidios, pero que en realidad no son los únicos casos que denotan la violencia familiar. Ni tampoco el elemento pasional es el único factor que interviene en la luctuosa ola de violencia que ha dejado tantos niños huérfanos o prácticamente a la intemperie. Con rechazar la violencia o pedir la castración de los violadores no se va a resolver el gravísimo conflicto, sino atacando de raíz las causas que lo originan. Y esas causas, desde lo económico hasta lo cultural, pasan por una amplia gama de factores.

El Nacional

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