Página Dos

RADAR

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Si las autoridades han contabilizado 15 defunciones a causa de la epidemia de dengue, es obvio que la propagación de la enfermedad es alarmante. Quizás bastaría con el hecho de que las salas de emergencia de los hospitales estén repletas de pacientes, pero es bien sabido que la gente suele ir al médico en el último momento. Además de que las estadísticas sobre el impacto de epidemias no son las más confiables. Siempre ha habido marcada diferencia entre los números de afectados o defunciones que registran las autoridades y los contabilizados por el Colegio Médico Dominicano (CMD) u otras entidades. Pero los 15 fallecimientos que reconoce el Ministerio de Salud Pública es para que se redoble la jornada epidemiológica para enfrentar una enfermedad que tradicionalmente hace estragos en la población. No basta con la acomodaticia comparación de que el número de víctimas ha bajado este año con relación al pasado. De lo que se trata es de que se adoptaran todas las prevenciones para evitar que el dengue cobrara tantas nuevas víctimas. Pero el caso  no es entrar en discusiones, sino en que las autoridades reconozcan que se está ante una emergencia y que tienen que incrementar las acciones para ganar la batalla al mosquito que provoca el dengue.

Crimen horrendo

Tras cuatro horas desaparecida una criatura de sólo cinco años de edad fue encontrada muerta y violada en Baní. El caso de Keila María Reynoso vuelve a disparar la alarma sobre la monstruidad que cobra fuerza en la sociedad. No tiene otro sello que el de la perversión y la depravación una muerte tan espantosa. Para más inquietud no se trata de un hecho aislado, sino que es otro eslabón que se agrega a una cadena de sucesos espantosos, que incluyen la muerte y violación no sólo de criaturas inocentes, sino de ancianos indefensos. La irritación lleva a proclamar incluso la pena de muerte contra los responsables de un crimen tan horroroso, pero ahí no es que está el problema. Si bien es cierto que se tiene que castigar a quienes sean capaces de violar y matar a una niña, también ha de pensarse en el sistema que engendra esos monstruos. No se puede hacer abstracción de las barbaridadessin tomar el cuenta el modelo a través del cual se rige la población.

El Nacional

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