Página Dos

RADAR

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La marcha en Santiago de reclusos de la cárcel de Rafey, para demandar “paz y no más violencia” y auspiciada por el Ministerio Público representa un recurso tan censurable como inútil sobre las bondades del sistema penitenciario. Más bien cae dentro de un vano esfuerzo propagandístico, que por demás dista mucho de la realidad de un modelo que adolece de múltiples debilidades. Todo esfuerzo que se haga para humanizar el sistema, de tal forma que los reclusos puedan rehabilitarse será siempre saludable. Sin ningún tipo de mezquindad. Pero esa rehabilitación no se manifiesta, ni por asomo, en una acción con tanto artificio como la marcha, con sus uniformes, de reclusos de la cárcel de Rafey. Tratándose de un modelo que ha sido tan severamente criticado, es obvio el afán de las autoridades por mejorar la imagen de las prisiones. El problema está en que en lugar de acelerar los trámites y velar para que a los reclusos se les respeten sus derechos parecen más empecinadas en guiños para impresionar a la opinión pública. Si las cárceles han mejorado al punto de que los presos pueden manifestarse a favor de la paz y contra la violencia no se puede escamotear un reconocimiento a las autoridades. Pero se sabe que ese no es el caso.

Verdad de a puño

El presidente haitiano Michel Martelly ha repetido una gran verdad al afirmar que su país y República Dominicana son distintos, pero con intereses comunes. El criterio podría resumirse en la unidad de la diversidad como modelo que ha facilitado la cohabitación a través de la comprensión y la tolerancia. Martelly, que no es un político tradicional, ni  un burócrata de saco y corbata, ha demostrado que tiene clara la realidad Haití. O al menos de su gestión. En ese sentido una agenda común con República Dominicana es fundamental no sólo para superar conflictos, sino para fomentar áreas de desarrollo de interés para ambos países.  Pero teniendo en cuenta que los haitianos son dueños de su identidad, cultura y tradiciones y los dominicanos de las suyas. Es lo que traduce la reiterada sentencia de que son dos países distintos pero con necesidades comunes.  Aún así, aclaró que Haití se empeñará en el desarrollo de su propio destino y con ese propósito ha tomado muchas medidas. Está claro.

El Nacional

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