Los cinco muertos a causa de la gripe A constituyen un síntoma para sonar la alarma sanitaria sobre el virus de la influenza que se propaga por la población . El pánico cunde por doquier. Ya que no pudo prevenir el impacto de la enfermedad, el Ministerio de Salud Pública tiene que acelerar su intervención para reducir el alcance de la epidemia.
Tal vez no sea para censurar, pero es inexcusable que brotes muy propios de la época hayan encontrado al país sin la cantidad de vacunas requeridas para lidiar con una epidemia sanitaria. Al anunciar la jornada masiva de vacunación, el ministro Freddy Hidalgo ha solicitado a la Organización Panamericana de la Salud una mayor cantidad de reactivos para atender a la población.
En la actualidad se vacuna a niños, envejecientes, embarazadas y pacientes con enfermedades crónicas, pero la dimensión de la epidemia ha desbordado la capacidad de los hospitales públicos e inundado muchos centros privados.
Con la gripe A, Salud Pública tendrá, pues, que darse prisa, sin reparar en gastos, para contener la alarmante propagación de un virus que ha hecho estragos en amplios segmentos de la población. Y abrevar de una vez y por todas en el principio médico de que la salud es preventiva.

