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Tras su aprobación en una primera fase por abrumadora mayoría en el Senado (82-15), la controversial reforma migratoria, que legalizaría la residencia en Estados Unidos de más de 11 millones de personas, está más cerca de convertirse en realidad. Elaborada por cuatro republicanos y cuatro demócratas, el proyecto podía convertirse en ley, de acuerdo con los pronósticos, antes que finalice el año.

La seguridad en la frontera con México, para lo que se contempla una inversión de 6,500 millones de dólares, es uno de los puntos más polémicos de la legislación. Los inmigrantes tendrán que cumplir con algunos requisitos para acogerse a la amnistía.

Pero la realidad es que los grupos que se oponen a la reforma se han reducido a una simple minoría y los republicanos, que no han simpatizado con la inmigración y los programas sociales, se han tornado esta vez más flexibles, sobre todo después del contundente rechazo que han cosechado al menos en la comunidad hispana durante las últimas elecciones.

Si algo evitarán los republicanos, que controlan la Cámara de Representantes, es que el presidente Barack Obama, que enarboló la reforma migratoria como una de sus prioridades, se alce con todas las ganancias. La reforma sería un mensaje al planeta sobre tolerancia e integración de los inmigrantes.

El Nacional

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