Empresarios a la carga
El Consejo Nacional de la Empresa Privada (Conep) rompió su letargo para salir al frente contra cuatro puntos de la reforma constitucional que chocarían contra la libre empresa. Lo sorprendente es que sea ahora, en víspera de los debates sobre la segunda lectura del proyecto, cuando reaccione el empresariado. No es que sean infundados sus alegatos de que el Estado pueda convertirse en competidor del sector privado en la prestación de bienes y servicios. Todo lo contrario. Tienen peso y se corresponden con un Estado de derecho. Lo que pasa es que los empresarios pudieron objetar desde que tuvieron en sus manos el anteproyecto o durante la primera lectura los acápites sobre régimen económico, rol del Estado y régimen de propiedad. Tiene su cocorícamo, al menos por tardía, la advertencia de que la aprobación de los acápites provocarían un deterioro de los derechos fundamentales relacionados con la libre empresa. El régimen objetado por los dirigentes del Conep, Lisandro Macarrulla, Circe Almánzar y Haydée Kuret de Rainieri, no fue introducido ni aprobado de manera clandestina. De todas formas, se trata de un nuevo elemento que incidirá en la segunda lectura de la controversial reforma constitucional.
Afuera
y adentro
La detención de otros 124 agentes de la Policía por su supuesta vinculación con el narco ratifica que el Gobierno de México combate el flagelo no sólo afuera, sino también adentro. En la guerra contra el crimen han caído oficiales, alcaldes, legisladores y figuras prominentes de la administración del presidente Felipe Calderón. A mediados de agosto fueron detenidos unos 38 policías como parte de la guerra del Gobierno contra el narco. Gracias a la batalla sin tregua grandes capos de los principales cárteles han caído en manos de las autoridades. Ha corrido mucha sangre, pero México ha avanzado con una estrategia que ataca adentro y afuera, sin distinción, en la batalla contra el narco. Los más de 120 policías detenidos en Hidalgo por su presunta vinvulación con el brazo del cártel del Golfo envía un mensaje claro sobre la determinación del Gobierno de pelear en todos los frentes. Y si en verdad se quiere atacar el crimen no se puede respetar altares, por encumbrados que sean.

