La indecisión del Partido Reformista Social Cristiano (PRSC) sobre la asamblea para elegir su candidato presidencial ha incrementado las tensiones en esa organización. Tan candente se ha puesto la temperatura que el precandidato presidencial, Frank Martínez, considera la demora como una maniobra de la dirección para desgastar y vender el partido al Gobierno a precio de vaca muerta. El limbo en que está el proceso para el PRSC escoger su candidato presidencial ha desatado muchas especulaciones. Sin obviar, por supuesto, las corrientes internas que pujan en diferentes direcciones con relación a las elecciones de 2012. Martínez, partidario de que el PRSC concurra al torneo con sus propios candidatos, denunció que la cúpula, presidida por el canciller Carlos Morales Troncoso, está llevando el partido a perder cada día más su credibilidad con el propósito de que se vea de que no hay más opción que entregarlo al Gobierno y endosar al candidato del PLD. Pero de la misma manera en que una corriente sintoniza con un pacto con el Gobierno prominentes reformistas también apoyan la idea de que la organización respalde al candidato del Partido Revolucionario Dominicano (PRD), Hipólito Mejía. Es la disyuntiva en que se encuentra.
Debe bastar
Hoy ha ocurrido el más reciente episodio -y ojalá fuera el último- de la estéril disputa entre el candidato presidencial del Partido Revolucionario Dominicano y el presidente de la organización, en torno a la integración de este último a la campaña por la presidencia de la República. Hipólito Mejía visitó la casa nacional del PRD para entregar una carta dirigida a Miguel Vargas en la que le solicita integrarse plenamente a las tareas por la obtención del poder. Temprano de la mañana, Vargas había expresado, a través del diputado Víctor Gómez Casanova, uno de sus voceros, que se enteró por la prensa de ese encuentro y que por tanto no podría asistir. La mayor parte del equipo de Vargas hace causa común con el candidato perredeísta, pero otros hablan de exclusión y triunfalismo por parte de los de Mejía. Quizá no advierten, los lideres del PRD, que no siempre navegarán con el viento favorable, como ahora. Todo reino dividido, sucumbe. Para discordancias debe bastar.
