Por lo que dijo durante su discurso de juramentación de los comandos de campana, el ingeniero Hipólito Mejía parece dispuesto a continuar su camino electoral sin el concurso del ingeniero Miguel Vargas Maldonado, presidente del Partido Revolucionario (PRD), quien no acudió a ese acto político celebrado ayer en el hotel Dominicana Fiesta. Vargas Maldonado tampoco recibió a Mejía durante la visita que el candidato presidencial perredeísta giró a la sede partidaria para entregarle una carta en la que solicita su integración a la campana electoral. Mejía proclamó que para mí, desde hoy no hay grupos, ni sectores ni divisiones, lo que puede ser interpretado como otro ramo de olivo a Vargas Maldonado o la proclama de que proseguirá marcha sin él. Tarde o temprano, el presidente del PRD tendrá que decir a sus compañeros en cuál de los pies estaría parado en relación a dar apoyo o no a la candidatura del PRD. En su intervención, es obvio que Mejía se ha decantado por una apuesta por el cambio. Y sintonizó con amplios sectores al abordar la preocupación sobre la inseguridad, el desempleo y la baja inversión en educación como fuentes de perturbación y atraso.
Síntomas alarmantes
La economía de la Unión Europea sigue en caída libre sin que ninguna de las medidas asumidas por el Banco Central Europeo ni por nación en particular haya podido detener la hemorragia. La directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Crhistine Lagarde, ha urgido a los países ricos a actuar con audacia para no sucumbir ante lo que define como una fase llena de peligro por la que atraviesa la economía mundial. La verdad es que las economías de Grecia, España, Portugal, Islandia e Italia van camino al precipicio y parecen acarrear por ese desfiladero a toda Europa y quién sabe si al resto del mundo, que sin dudas está al borde de una nueva recesión. Ojalá que en esta tierra insular donde las noticias del exterior llegan tarde, se entienda la gravedad de la situación y en consecuencia se apliquen las medidas de políticas económicas preventivas que sean necesarias. Por lo visto, los grandes no están al margen de la tormenta que amenaza el planeta.
