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RADAR

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Con cualquiera de los dos favoritos que gane las elecciones de hoy en Guatemala, la derecha saboreará el néctar de la victoria. Y le será de gran aliento para las fuerzas conservadoras ante el giro que se ha observado en la región hacia regímenes de tendencia de izquierda. El general retirado Otto Pérez Molina, que anticipa mano dura, y el empresario Manuel Baldizón, que propugna por la pena de muerte, son los candidatos de más posibilidades para suceder al presidente Alvaro Colom. Como a éste no se le dio la estrategia de divorciarse para llevar a su esposa, Sandra Torres, como candidata presidencial, los grupos conservadores se adueñaron del escenario electoral. Una gigantesca deuda social, un alarmante incremento de la violencia emanada del narcotráfico y múltiples escándalos de corrupción forman parte  de los principales problemas con los que tendrá que lidiar el ganador de los comicios. Las encuestas favorecen a Pérez Molina, del Partido Patriota, aunque el tope del 48% que le conceden no es suficiente para vencer en la primera vuelta.  De ganar los comicios se convertiría  en el primer exmilitar en asumir el poder en la etapa democrática que comenzó a trillar Guatemala a partir de la década de los 80.

Medidas urgentes

La directora del Fondo Monetario Internacional (FMI) ha pedido medidas urgentes frente a lo que definió como crisis de confianza que vive la economía mundial. La verdad es que grandes economías, Francia y Alemania, por ejemplo, hacen loables esfuerzos por resguardarse de otra crisis al estilo de la que sacudió la economía estadounidense y el resto del planeta en 2008. Pero muchos no dejan de preguntarse si el Gobierno dominicano se ha preparado para una eventual contingencia.  No hay que ser ningún experto para saber que la crisis sobre la que ha advertido la directora del FMI, Christine Lagarde, impactará en sectores como el turismo y las remesas.  Su exhortación a los países industrializados de que actúen de manera valiente entraña un metamensaje. Quiere decir que  se ha procedido con mucha timidez frente a una realidad que tiene cada vez más la economía mundial al borde del abismo. El Gobierno no puede sustraerse de esa realidad, como si nada pasara.

El Nacional

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