Página Dos

RADAR

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La recuperación del entorno del hospital Luis Eduardo Aybar, arrabalizado y entorpecido por decenas de buhoneros, era necesidad. Mucho tardó el Ayuntamiento del Distrito Nacional para desalojar a vendedores hasta de frituras que obstaculizan la entrada y por tanto la demanda de servicios de los pacientes. El incidente durante el cual un padre desesperado tuvo que abrirse paso con varios disparos al aire para ingresar al centro una hija enferma indica que la decisión del Cabildo era necesaria. No sólo la entrada del Luis Eduardo Aybar, sino la entrada a la sala de emergencia de muchos otros hospitales está permanentemente bloqueada por carros del concho, voladoras y vendedores ambulantes. La atinada medida ha estado acompañada de un reordenamiento del tránsito para facilitar el servicio de los centros asistenciales. La verdad es que la aglomeración de buhoneros tornaba deprimente y hasta peligroso el entorno de los hospitales públicos. Las autoridades no se pueden andar con contemplaciones, habida cuenta de que no se puede perjudicar a la colectividad en beneficio de una minoría que puede instalarse en cualquier otro lugar. La medida del Cabildo está más que bien, aunque se haya esperado mucho tiempo.

La otra estadística

Aunque el Gobierno haya optado por hacerle caso omiso, la Comisión Económica del Partido Revolucionario Dominicano (PRD) ha vuelto a hacer una denuncia muy comprometedora sobre la dimensión de la corrupción. De acuerdo con Arturo Martínez Moya en los últimos seis años la corrupción ha aumentado un 32 por ciento, a lo que atribuye las dificultades económicas que admitió el presidente Leonel Fernández. Basado en diferentes cálculos el economista señaló que de 2004 a 2009 la corrupción alcanzó 78 mil millones de pesos, pero que este año creció a 94 mil millones. Esas denuncias no deberían perderse en las páginas de periódicos, sino ser sometidas a debates para que la opinión pública se haga una idea más acabada. Todos saben del impacto de la corrupción, admitida incluso por las propias autoridades, pero lo que está por verse es la dimensión real. Y en las condiciones en que está el país a la gente le gustaría saber al menos en qué pie está parada.

El Nacional

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