Contrario a otras revisiones, la misión del Fondo Monetario Internacional (FMI) no pudo ocultar la zurrapita que parece haber dejado en sus negociaciones con el Gobierno dominicano, al señalar en su documento de conclusión que el proceso de la séptima revisión continuará en Washington y que las autoridades dominicanas no pudieron cumplir metas referidas al déficit fiscal ni con la reducción de los subsidios al sector eléctrico. Aunque señala que las condiciones macroeconómicas se mantienen favorables, el FMI redujo las previsiones de crecimiento económico y reveló que la inflación alcanza ya el 10 por ciento. La economía crecería en un cuatro por ciento y no en un 5.5 por ciento según el gendarme, que atribuye la reducción al impacto negativo del entorno externo. Se ha dicho que el FMI deseaba que el Gobierno enviara una ley al Congreso suprimiendo de un solo corte el subsidio cruzado que se aplica a la tarifa eléctrica, lo que significaría un incremento de un 17 por ciento en su valor, algo así como una explosión que se señala que el Presidente rechazó de cuajo. También se dijo que un ministro con los apellidos extraviado le dijo a los comisionados del Fondo que ante tal exigencia lo mejor sería un divorcio por mutuo consentimiento. Esta vez, parece ser que el Gobierno se paró firme en sus dos extremidades.
Delincuencia se recicla
Con la iniciativa de modificar el Código Procesal Penal, no pocos actores del sistema de persecución penal y de administración de justicia buscan evadir responsabilidad en torno al auge de la violencia y de la criminalidad. ¿Cómo culpar a ese Código por la puesta en libertad de los acusados de robar toda la estructura de metal que servía de soporte al puente de Haina? No es justo, tampoco, endilgarle culpa a ese vetusto texto de que la mayoría de los más de tres mil sometidos por narcotráfico han sido puestos en libertad por jueces de diferentes instancias y jurisdicciones. Es menester decir que la sociedad, ni los sectores populares en particular, son hoy industrias que producen delincuentes a granel. Lo que ha sucedido es que la delincuencia se recicla, porque son pocos los infractores de la ley penal que reciben condena en última instancia. La mayoría de esos antisociales retorna a las calles en menos de lo que pestaña un pollo. Sin negar la necesidad de ser revisado, se insiste en reclamar que no culpen a ese Código por la lenidad, negligencia o corrupción de jueces, fiscales y policías.
