Samba en Brasil
Brasil, que ha prometido hacer historia con la organización de los Juegos Olímpicos de 2016, ya hizo historia al ganar la sede en una trascendental disputa con Estados Unidos, Japón y España. El interés puesto personalmente por el presidente Barack Obama en la sede de los juegos para Chicago, la batalla deiplomática encabezada por los Reyes de España y la vehemencia de Japón convirtieron la disputa en una suerte de pulso político. Pero el presidente brasileño Luiz Inacio Lula da Silva se alzó con el trofeo al conseguir que el Comité Olímpico Internacional (COI) asignara la sede a Río de Janeiro. Será la primera vez en la historia que los Juegos Olímpicos se celebren en una capital suramericana, un factor que de alguna manera pesó en la decisión final. Pero lo más importante es el reconocimiento internacional al desarrollo alcanzado por Brasil. No basta con recursos económicos, que los tiene para montar las competencias, sino garantizar la más estricta seguridad. Obama no sólo delegó la gestión en su esposa Michele, sino que viajó a Copenhague para defender la se de las disputadas Olimpìadas. Al medir fuerza con Obama, España y Japón la sede ha sido un triunfo político. La noticia cayó como un premio en Brasil.
Denuncias alarmantes
Las denuncias que han salido a relucir sobre la calidad de diferentes productos son para que la Dirección Normas y Sistemas de Calidad (Digenor) intervenga sin contemplaciones. No puede ser que el propio director de Digenor, doctor Julio Santana, se conforme con denunciar y no actuar con relación a enfermedades que, según él, afectan la producción láctea. Los ganaderos han rechazado, como denunció Santana y confirmó el doctor Cesáreo Contreras, que haya hatos afectados de brucelosis y tuberculosis. Se supone que con algún elemento cuenta Digenor. Si es así, lo que tienen que hacer las autoridades es actuar en beneficio de la salud de los consumidores. No es decirlo, sino tomar las medidas sanitarias que las circunstancias demandan. Sería inconcebible que se hagan de la vista gorda con la producción y distribución de quesos y otros artículos que no reúnen condiciones sólo por temor o para proteger intereses. El consumidor debe contar en algo.
