Al plantear una amnistía para los descendientes de haitianos que residen en el país, la presidenta del Instituto Interamericano de los Derechos Humanos (IIDH) ha tocado un tema bastante sensible, al menos para sectores de poder. Pero resulta que lo planteado por la señora Sonia Picado a favor de los domínico-haitianos es lo mismo por lo que han abogado las autoridades con relación a los millares de dominicanos que viven de manera ilegal en Estados Unidos, España y otros países. Con todo y que reconoce que la inmigración representa una carga que afecta la economía, la salud y la educación, la funcionaria se decanta por la parte humana y no la legal para clamar por una amnistía. Antes que levantar la habitual oleada de protesta con todo lo que implique bajar la guardia frente el caso haitiano, la propuesta de la presidenta del IIDH debe ser ponderada. No se trata de cuestionar el clásico derecho en que se apoyan las repatriaciones, sino en la parte humana del problema. Picado no ha hecho más que tomarles la palabra a los sectores que han clamado porque se reconozca el derecho tanto de los inmigrantes como de los descendientes de dominicanos ilegales que viven en diferentes países. Una de esas verdades amargas, difíciles de digerir.
Víctima violencia
La violencia de género es, por su dimensión, una de las que más preocupa, pero no es la única que azota a la población. Asesinatos como el de un mayor del Ejército por uno de cuatro asaltantes que lo despojaron de su arma de reglamento advierten sobre la inseguridad que cunde en el territorio. Manuel Antonio Tolentino Valdez, de 50 años, fue acribillado a eso de las 5:30 de la tarde del miércoles por uno de los asaltantes que se desplazaban en dos motocicletas. En medio de la creciente ola de violencia, otros oficiales militares y policiales también han perdido la vida últimamente en atentados perpetrados por desconocidos. Los homicidios, incluyendo los feminicidios, son para que se preste atención a todo el entramado en torno al cual se organizan las relaciones sociales y económicas. El asesinato del mayor Tolentino Valdez es otro signo aterrador de un país en donde ha habido crímenes espantosos para despojar a las víctimas de un simple celular o de algún otro objeto.

