Página Dos

RADAR

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Claro que los diputados acogerán la inclusión del Congreso en la controversial Ley de salarios en el sector público. Porque de lo que se trata con la decisión del Senado es de una coartada para preservar los privilegios que elevan los ingresos mensuales de varios miembros de la Cámara Alta por encima de los dos millones de pesos mensuales. El barrilito y otros de esos privilegios que tanto irritan a la población se mantienen, conforme a la pieza sancionada por el Senado, hasta el 2016. La estrategia, que se ha cumplido al pie de la letra, era dar la impresión de que con el rechazo a las modificaciones de la Cámara de Diputados los congresistas dejaban sin efecto las canonjías de que disfrutan. Es la razón por la cual los diputados han aceptado la decisión del Senado, si bien con cierto refunfuño para guardar las apariencias. Pero, en honor a la verdad, no se podía esperar más de unos congresistas que han abjurado de su función de legislar y supervisar el cumplimiento de las leyes en aras de prebendas personales. El Congreso todavía ni siquiera ha explicado la necesidad de los 300 millones de pesos asignados por el Ejecutivo en el presupuesto adicional por 71 mil millones de pesos que se aprobó para enfrentar el déficit fiscal.

Lingüista reputado

La lingüística perdió a uno de sus más reputados exponentes con la muerte del académico Celso Benavides. Pero, por encima de todo, Benavides era un maestro.  Su carrera en el magisterio la había iniciado en la escuela rural, pasó por la secundaria hasta terminar en la enseñanza universitaria. Esa experiencia la utilizó en algunos ensayos que escribió sobre la enseñanza en República Dominicana. Benavides, quien se doctoró en Lengua en una universidad española, se mantenía activo, a sus 83 años de edad, como profesor de la Unidad de Postgrado de la Universidad Autónoma de Santo Domigo (UASD). No era una figura mediática, sino un académico a carta cabal. Entre sus obras figuran “Introducción a la Historia de la Lengua” y “Elementos de Lingüística General”, que escribió con el profesor Carlisle González Tapia. Con la muerte de Benavides el país pierde a un reputado lingüista, académico y educador, que hizo de la enseñanza un sacerdocio. ¡Paz a sus restos!

El Nacional

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