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La capacidad de movilización, más que sus múltiples problemas sociales, convirtió a Capotillo en uno de los barrios más emblemáticos de la ciudad. Ese sector, que tiene en el mercado de la avenida Duarte una de sus principales fuentes de sustento, que protagonizó batallas campales con la Policía durante protestas contra los apagones o largas interrupciones en el suministro de agua, ha sido estigmatizado como uno de los principales centros del micotráfico de drogas.

Dirigentes de organizaciones barriales admiten que “la droga se vende a la clara”, pero culpan a la Policía de actuar en contubernio con los distribuidores, además de incurrir en abusos contra inocentes.

E incluso, según Abel Rojas, los agentes colocan drogas a inocentes con fines de extorsión, dañar reputaciones o para justificar operativos que casi siempre generan confrontación. La Dirección Nacional de Control de Drogas (DNCD) ha rechazado las denuncias y defendido el comportamiento de sus agentes en el populoso sector.

No está demás, sin embargo, que las denuncias sean investigadas más a fondo, tanto para determinar la realidad como para garantizar la paz y el orden en un barrio cuyos moradores se encuentran atrapados entre los distribuidores de drogas y los agentes de la Policía.

 

El Nacional

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