Los mineros chilenos atrapados bajo tierra a 700 metros de profundidad desde el 5 de agosto están a horas de volver a la superficie. Con el presidente Sebastián Piñera a la cabeza todo Chile se ha integrado material o emocionalmente al proceso para rescatar a los ansiosos 33 trabajadores. Todos están a las expectativas sobre el desenlace de las labores para sacar de la excavación sanos y salvos a los mineros. Y pese a todas las explicaciones técnicas muchos todavía piensan que se trata de un milagro que los trabajadores hayan podido sobrevivir tanto tiempo bajo tierra. En principio se había previsto para diciembre la culminación de la tarea para que los mineros vuelvan a encontrarse con familiares y relacionados. Pero el Gobierno chileno, que no ha escatimado recursos, se ha empleado a fondo para rescatar a los trabajadores e incluso el presidente Piñera dispuso una investigación para establecer responsabilidades sobre el accidente. Ahora mismo los chilenos y la comunidad internacional están más pendientes del resultado de la perforadora y las detonaciones para que en cuestión de horas los trabajadores vuelvan a la superficie. Las autoridades están muy optimistas en cuanto a lo que será un gran acontecimiento.
Otro plan preventivo
El ministro de Interior y Policía, Franklin Almeyda Rancier, ha dado cuenta de la aplicación de otro plan para prevenir la delincuencia. Es saludable que funcionarios como Almeyda, que suele mostrarse tan infalible, reconozca la necesidad de reforzar la seguridad frente a la ola criminal que arropa a la población. Lo que sí es que el funcionario tendrá que darse prisa con el nuevo plan, porque la criminalidad y la delincuencia están que no dan tregua. Salvajes asesinato como el de una anciana de 86 años en Montecristi para robarle y el asalto de una mayor de la Fuerza Aérea, tres amigas y dos menores en la autopista Las Américas evidencian la dimensión de la criminalidad. Cualquiera sea el plan del Ministerio de Interior y Policía, representará un aporte para restablecer el orden y la seguridad que tanto necesita la población. Se está ante una criminalidad que ha llegado al grado de convertirse en una amenaza para la estabilidad social y económica.

