El terremoto del lunes de 5.1 coincidió con el alerta que había emitido el Instituto Nacional de Sismología de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) sobre la necesidad de crear conciencia en la población sobre los efectos de los movimientos telúricos.
Con todo y que por más preparado que se esté, un temblor de tierra generará siempre pánico, las previsiones son más que necesarias para reducir por lo menos la magnitud de los daños materiales y bajar tensiones. Le sobra razón a la entidad al señalar que además de políticas hace falta que la gente se convenza de que vive en un territorio amenazado y con el riesgo de sufrir en cualquier momento eventuales sismos y hasta tsunamis de gran magnitud.
El temblor del lunes, aunque no causó daños materiales, confirma la alarma sonada por el director de sismología de la UASD, Eugenio Polanco Rivera, sobre el impacto de los fenómenos.
Tras recordar el terremoto de 2010 en Haití que dejó más de 300 mil muertos, Polanco Rivera citó la pobreza y las construcciones precarias o sin obedecer a normas de seguridad entre los factores que pueden en una desgracia cualquier movimiento de cierta intensidad. Sobran razones para que la advertencia sea tomada en cuenta por la población y las autoridades.
