Página Dos

RADAR

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Las protestas contra la reforma del sistema de pensiones que comenzaron los trabajadores franceses se han devenido en un movimiento nacional que recrea las grandes epopeyas que convirtieron a la nación gala en cuna de los derechos humanos y las libertades públicas. A la movilización de la clase trabajadora contra el proyecto del presidente Nicolás Sarkozy de retrasar de 60 a 62 años la edad de jubilación, se sumaron primero los estudiantes, pero hoy se han integrado prácticamente todos los sectores. En los últimos 45 días los franceses han tomado las calles en cinco ocasiones y siete en lo que va de año contra arbitrariedades en que ha incurrido el Gobierno. Las protestas han afectado servicios como el de transporte, incluyendo los trenes, y la producción de las refinerías. El Gobierno, que insiste en que la reforma del sistema de pensiones es para producir ahorros, también ha tenido que movilizarse, pero para evitar que los principales aeropuertos pudieran quedarse sin combustibles. Por las masivas movilizaciones y los destrozos contra establecimientos comerciales y vehículos que se extienden por todo el territorio francés está por verse si en verdad el Gobierno seguirá adelante con su proyecto para modificar el sistema de seguridad social.

Violencia desbordada

La muerte de un niño de seis años durante un atraco en que también fue abatido un sargento de la Policía en el sector Invivienda, confirma que ante la criminalidad que azota la nación la gente no está segura ni en su casa. La desgracia que costó la vida al niño Angel Adrián Asencio, quien fue alcanzado de varios disparos hechos por delincuentes contra el sargento Lenny Danilo Hernández Vargas, ocurrió en el umbral de su residencia cuando llegaba con sus padres y otros dos hermanitos. Tras quitar la vida a Hernández Vargas y herir a una joven que lo acompañaba, identificada como Loly de León, los maleantes se llevaron el arma, los celulares y las pertenencias del suboficial.  Las muertes del niño y del sargento de la Policía amplifican la clarinada que ha sonado desde hace tiempo en torno a la inseguridad ciudadana. Pero cada vez más con el agravante de que los criminales que han sembrado el desosiego en la población no esperan en las calles, sino que atacan en los hogares.

El Nacional

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