La diplomacia no es la credencial del Fondo Monetario Internacional (FMI), pero en lugar de imponer o expresarse en tonos altos prefiere términos más moderados como sugerir, recomendar o analizar. Con sus gestos no engatusa más que a incautos, pero el organismo no escatima una pasadita de mano a todos sus clientes que necesiten algún tipo de auxilio cuando están políticamente acorralados. En la revisión del acuerdo con el Gobierno, el FMI elogió el fortalecimiento de la economía, reconoció que el endeudamiento público era moderado, pero concluyó con la recomendación de que lo mejor era frenar los préstamos. El Gobierno sabe que la opinión pública no traga, pues en los elogios sobre el desempeño de la economía y el impacto de medidas que cita el organismo hay mucho de diplomacia. Aunque no se sabe si para calificar el endeudamiento de moderado el Fondo se basó en los 13 mil millones de dólares de que habla el Ministerio de Hacienda o en los 18.5 mil millones que reconoció el Banco Central. De todas formas, está por verse si el Gobierno aceptará un consejo que de alguna forma sintoniza con la preocupación de grupos empresariales y con las consecuencias sobre las que ha advertido la oposición.
El Cesa y el Idac
República Dominicana fue sacada de la lista negra en que se encontraba en materia aérea gracias al trabajo del Instituto Dominicano de Aviación Civil (Idac). Mejorar la categoría no es, sin embargo, el único logro importante que puede exhibir una entidad que bajo la gestión de José Tomás Pérez ha instalado una escuela de entrenamiento y centros para la repación de aeronaves. Todos esos programas resultarían afectados de materializarse las gestiones del Cuerpo Especializado de Seguridad Aeroportuaria (Cesa) para despojar al Idac del equivalente de 180 millones de pesos anuales para ese organismo. Aparte de que es cuestionable la necesidad de más recursos para el Cesa, quitar más recursos al Idac sería someterlo a una crisis que daría al traste con programas cuyos resultados están a la vista. República Dominicana no puede permitirse el lujo, por ejemplo, de perder la categoría de que disfruta ni de prescindir de la estructura técnica con que cuenta el Idac.

