El drama de las inundaciones causadas en Haití por la tormenta Tomás representa el llamado más sentido a la comunidad internacional sobre el abandono de esa nación tras el terremoto del 12 de enero. Los sufridos haitianos, que desde hace tiempo pagan el alto precio de la pobreza, hoy tienen que enfrentar la odisea del abandono. Las autoridades haitianas, con sus magros recursos, han tenido que iniciar un programa de evacuaciones masivas de los miserables campamentos para paliar los efectos de la tormenta Tomás. El recelo con el destino de los recursos no es pretexto para demorar una asistencia que los haitianos necesitan con urgencia. Y más cuando existe una comisión presidida por el ex presidente estadounidense Bill Clinton. El drama es una ocasión más que propicia para que la comunidad internacional pase de la palabra a los hechos con la real asistencia que necesita una nación sumida en la pobreza y el abandono. Más interés se ha puesto en las elecciones del 28 de noviembre próximo que en una solidaridad real y efectiva con las cientos de miles de familias hacinadas en carpas. Con una epidemia de cólera que ya se ha cobrado unas 450 vidas, los problemas sanitarios tienden a agravarse por las inundaciones.
Maestros en la calle
Los maestros han vuelto a las calles para reclamar mejores condiciones de trabajo y mayor inversión en la enseñanza. Tras la movilización efectuada en Santiago por profesores de diferentes escuelas del Cibao, las protestas magisteriales se han multiplicado como por arte de magia. En Barahona, Azua y Baní los profesores han dejado las aulas y tomado las calles para reclamar que se destine a la enseñanza el 4 por ciento del Presupuesto, un aumento salarial de un 30 por ciento, creación de nuevas tandas, reparación de planteles, solución a las intoxicaciones con el desayuno escolar y saneamiento del Seguro Médico para Maestros (Semma). Con el apoyo de los estudiantes los educadores son los que ahora están en las calles exigiendo incluso el cumplimiento de promesas. Los movimientos han generado extrañeza, pues se tenía entendido que tras las elecciones en la Asociación Dominicana de Profesores (ADP) los educadores estaban satisfechos con el sistema educativo.

