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Radar

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La deserción del 53% de los estudiantes universitarios es un índice tan elevado, que invita, más que a juicios tan precipitados como el emitido por la ministra de Educación Superior, Ciencia y Tecnología, a profundas reflexiones.

Porque el abandono, que Ligia Amada Melo atribuyó a factores socioeconómicos y falta de orientación, además de ubicar dentro del promedio en la región, es parte del problema educativo. Las comparaciones no siempre sirven de consuelo, ni para justificar debilidades, sobre todo de sistemas tan burocratizados.

Habría que ver en cuáles universidades es donde se verifica mayormente el fenómeno de la deserción y la procedencia de estos estudiantes que las circunstancias los llevan a interrumpir sus estudios para luchar por el sustento. No es un fenómeno nuevo que los estudiantes tengan que trabajar, incluso hasta para costearse sus carreras.

Y si las universidades inician carreras sin realizar estudios de factibilidad, la responsabilidad es de las autoridades, que incumplen con sus funciones de vigilar y supervisar la aplicación de las normas. La deserción universitaria es un problema que debe abordarse con criterios más rigurosos, porque no es ninguna buena señal sobre el sistema educativo.

El Nacional

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