Los necesarios controles que tenían que adoptarse en la reapertura del mercado binacional en la zona fronteriza de Dajabón es obvio que surtieron sus efectos. Salvo incidentes de poca monta, como los tres heridos a causa de la anarquía que caracterizó el intercambio, nada grave hay que lamentar. Pero si bien la operación es un aliciente para el comercio entre los dos países las autoridades dominicanas no pueden bajar la guardia frente a las medidas que se han adoptado para prevenir la epidemia de cólera que hace estragos en Haití. Sin importar la presión de la comunidad internacional, República Dominicana no puede exponerse a los efectos de una enfermedad que cada día cobra más víctimas. Salud Pública, Obras Públicas, Migración y el Cuerpo de Seguridad Fronteriza tienen que actuar en forma coordinada para garantizar que se cumplan todas las medidas que se han dispuestos para impedir que a través del mercado binacional la epidemia penetre a este territorio. Es mucho lo que se habla, pero a la hora de la verdad ni siquiera las Naciones Unidas encuentra los recursos que necesita para asistir a los afectados. El mercado binacional es verdad que es necesario, pero República Dominicana tiene que cuidarse.
Un techo para mi país
La presencia de decenas de jóvenes en diferentes puntos de la ciudad recaudando fondos para ayudar a los más necesitados constituye una obra de gran valor social. Esos muchachos, tocados por una causa tan noble como la construcción de un techo para los más pobres, han contribuido desde dar otro aspecto al entorno hasta poner a pensar en la suerte de millares de familias que subsisten en las peores condiciones humanas. Como su labor es voluntaria los estudiantes están motivados por el deseo de servir a una causa noble. La jornada, denominada Un techo para mi país, forma parte de una iniciativa que se desarrolla en 19 países de América Latina con el propósito de mejorar las condiciones de existencia de los más necesitados. El programa, que se inició en República Dominicana en 2008, cuenta con la integración de más de 450 voluntarios. Hay que saludar que jóvenes de todos los estratos sociales se envuelvan en tareas tan altruistas. Aunque no sea todo.

