El ministro de Industria y Comercio, José del Castillo Saviñón, declaró que el presidente Danilo Medina decidió subastar la importación de alimentos para satisfacer un reclamo social. Si es así, la verdad es que resulta muy alentador que las autoridades ausculten el latir de la población para orientar sus acciones. Es cierto que había muchas quejas en todos los litorales con los permisos que otorgaba el Ministerio de Agricultura para importar productos alimenticios. Por la sintonía del presidente Medina con el clamor de que ha dado cuenta el ministro de Industria y Comercio la operación se realizará en lo adelante, con el propósito de transparentarla, a través de la Junta Agroempresarial Dominicana (JAD). Pero como el de las importaciones no era el único clamor, se tiene la esperanza de que el gobernante preste atención a reclamos como los de desmontar la nómina pública y enfrente los escándalos de corrupción que han quedado impune. Los aplausos generados por la eliminación de tres entidades y la regulación de las importaciones de productos alimenticios son saludables antecedentes. Máxime si de lo que se trata es de gobernar con los oídos en el corazón de la ciudadanía. Manos, pues, a la obra.
La vida de Carrillo
Santiago Carrillo, quien falleció ayer en su residencia de Madrid a los 97 años de edad, era posiblemente el último reducto de una generación que abrazó los ideales de izquierdas desde antes de la Guerra Civil de 1936. Demostró visión y grandes habilidades como estratega cuando desde la secretaría general del Partico Comunista Español (PCE) negoció durante la Transición con el presidente Adolfo Suárez la apertura del sistema democrático. De un radical en su juventud terminó como un moderado, pero siempre apoyándose en principios. Sobrevivió a la persecución, pero soportó cárcel y pasó una larga temporada en el exilio. Su nombre está ligado a la historia contemporánea y muchos de los principales acontecimientos que han sacudido la vida política española. Carrillo ganó apoyo y detractores en la región cuando con el italiano Enrico Berlinguer se desmarcó de la antigua Unión Soviética para impulsar el eurocomunismo. Con su muerte se extingue un símbolo político.

