Un llamado a huelga hecho en el aire, sin respaldos importantes de sectores políticos y del transporte de pasajeros, no podía prender en la población. El fracaso del movimiento es una lección para el Foro Social Alternativo, que no entendió que el éxito de una convocatoria resulta de la conjunción de diferentes factores. Que la vida esté cara no es un motivo suficiente para convocar a una huelga nacional, así como tampoco una consigna tan etérea como la oposición a la política económica del Gobierno. Salvo incidentes en algunos pueblos, en el Distrito Nacional la convocatoria ni se sintió. La gente no tuvo la menor dificultad para trasladarse a sus centros de trabajo.Si los convocantes lo que querían era medir su capacidad de convocatoria, o simplemente pescar en río revuelto, les ha ocurrido como a todo el que va por lana y resulta trasquilado. Se han estrellado de bruces contra la realidad, afectando de paso su incidencia en la lucha popular y barrial. El éxito que sin duda ha tenido en las movilizaciones en varias comunidades se ha ensombrecido con la malograda huelga de este lunes. Las condiciones para que prosperara el llamado eran muy remotas. Pero ellos no lo quisieron entender de esa manera.
Merecido homenaje
El periodista Ubi Rivas, metido de lleno a hurgar en la memoria histórica de Santiago, recordaba estos días uno de los crímenes más execrables ocurridos en el país: el de los esposos Martínez-Almánzar. El asesinato del poeta y político Virgilio Martínez Reyna y de su esposa Altagracia Almánzar, quien estaba embarazada, ocurrido el 1 de junio de 1930 en San José de las Matas, tuvo la particularidad de que inauguró la orgía sangrienta que marcó la dictadura de Trujillo. Sin embargo, todavía Martínez Reyna, un destacado líder regional del partido de Horacio Vásquez, no ha recibido el reconocimiento que amerita. No el deshonroso homenaje fatuo, revestido de oportunismo político, sino del que es digno por su historia. Martínez Reyna no era sólo un destacado dirigente político, sino poeta y filántropo. Figuras con sus perfiles son las merecedoras de que se perpetúe su memoria a través monumentos, con el nombre de calles o de comunidades. Méritos le sobran.
