Tan precarias son las condiciones para las votaciones del domingo en Haití, que nada menos que el director del Registro Electoral, Philippe RJ Augustin, teme que haya fraudes por todos lados. No han valido los reclamos para aplazar los comicios debido a la epidemia de cólera, que ha cobrado alrededor de mil 500 vidas; las dramáticas secuelas del terremoto del 12 de enero y la latente inseguridad que reina en la población. Como está el panorama, las elecciones del domingo podrían pasar a la historia como las más irregulares que se hayan efectuado en América Latina. Para colmo, el encargado del Registro teme que la corrupción impere en las oficinas de votación, integradas por unas 33 mil personas. El presidente René Prèval reconoció que el ambiente no es el más apropiado pero que las elecciones, un torniquete de la comunidad internacional, tendrán que celebrarse. La cooperación masiva que se requiere para garantizar la limpieza no acaba de llegar, y por temor a contagio por las condiciones sanitarias la presencia de observadores se prevé mínima. De los 4.7 millones de electores convocados para el domingo la abstención podría alcanzar un récord. El proceso es tan irregular que la gente ni siquiera conoce a los candidatos.
Préstamos a toda prisa
Préstamos por 220 millones de dólares fueron aprobados a toda prisa por el Senado. Cuando se trata de intereses el cuerpo legislativo ha demostrado que no hay obstáculos ni argumentos tan vacuos como el que se ha enarbolado en torno a la ley que consigna un 4% del Presupuesto para la educación. En un gesto insólito, el presidente del Senado, Reinaldo Pared Pérez, trató de justificar la violación bajo el alegato de que nadie está obligado a lo imposible. Capítulos es lo que más hay, incluyendo el infame barrilito de los congresistas, para destinar los recursos que se aprobaron para superar el marasmo de una enseñanza que ocupa los últimos lugares en América Latina. Mientras el país se ha convertido en uno de los más endeudados de la región, la educación se ha mantenido a la zaga. Los 220 millones de dólares para apoyo a la competitividad y de protección social fueron aprobados a toda prisa. En los créditos sí había interés. Esa es la clave del asunto.

