Por la falta de todo tipo de condiciones, las elecciones de este domingo en Haití no serán más que una burla al sistema democrático patrocinada por la comunidad internacional para terminar con el ejercicio del presidente René García Prèval. En medio de la epidemia de cólera que ha causado más de dos mil muertes y que la Organización Mundial de la Salud (OMS) prevé que podría afectar a 400 mil personas en las próximas semanas no puede haber garantía para que los electores concurran libremente a las urnas. Ya no sólo se trata de que los haitianos todavía no se han repuesto del terremoto del 12 de enero que causó más de 200 mil muertes, dejó millares de personas a la intemperie y arrasó con oficinas públicas, escuelas, hospitales, negocios y otras obras, sino del pánico y las precariedades por el cólera y las condiciones sanitarias. Apenas un porcentaje muy reducido de la población ha podido valorar el discurso de los candidatos a la Presidencia o al Parlamento. Pero en medio de un drama tan aterrador las elecciones de hoy, además de no garantizar unos resultados diáfanos, como incluso lo han planteado los propios organizadores, son un ejercicio hasta cruel. Aún así la comunidad internacional insiste en las votaciones.
Pesquisa necesaria
La pesquisa sobre la explosión que causó la muerte de nueve personas en la construcción de la sede del Programa de Medicamentos Esenciales (Promese) no debe festinarse, pero tampoco extenderse más tiempo del prudente. Una tragedia de tal magnitud en modo alguno puede quedar en el aire, al margen del loable interés mostrado por el presidente Leonel Fernández para que el suceso sea aclarado. Se han adelantado algunas hipótesis que en modo alguno pueden darse como válidas hasta que sean confirmadas por la pesquisa. La inhalación de monóxido de carbono y las quemaduras habrían sido las principales causas de los decesos provocados por la explosión en el sistema eléctrico. La comisión de los cuerpos de bomberos del Distrito Nacional y de los Ayuntamientos de la provincia Santo Domingo tienen que establecer las reales causas de la tragedia y las responsabilidades de lugar. Un suceso donde mueren nueve personas está claro que no debe quedar sin aclararse.

