Página Dos

RADAR

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La campaña en Venezuela para las elecciones del 7 de octubre, en las que el presidente Hugo Chávez compite por la reelección, ha entrado poco a poco en la recta final. Si no ha acaparado más la atención ha sido por la lucha para los comicios de noviembre que libran en Estados Unidos el actual mandatario Barack Obama y el republicano Mitt Romney.  Chávez no es el mismo de otros tiempos, pero la construcción de escuelas, viviendas y hospitales como parte de amplios programas sociales constituye un importante factor a su favor frente al discurso de su rival Henrique Capriles. Sin embargo,  es la primera ocasión desde que asumió el poder en 1999 que Chávez cuenta con una oposición mejor articulada, a la que no aventaja en forma abrumadora. En los predios opositores se ha puesto a circular la especie sobre un posible plan del presidente Chávez para desconocer los resultados de las elecciones, en caso de que no le sean favorables. El cáncer que le diagnosticaron en 2011 no ha menguado el proselitismo del gobernante, quien si bien ha hablado menos, no ha dejado de recorrer el territorio enarbolando sus planes sociales como bandera. Programas como Petrocaribe y la misma incidencia en el sistema democrático generan muchas expectativas.

Digno de reflexión

Lejos o no de la verdad, la radiografía sobre los patrones que según monseñor Fausto Ramón Mejía Vásquez rigen la vida social se presta por lo menos para reflexionar.  “Cada día”, dijo, “crece el individualismo como estilo de vida y el consumismo como ley suprema”, con un neoliberalismo y su economía de mercado como una fábrica para producir excluidos sociales. Producto de esa praxis es su afirmación de que medios de comunicación “en vez de servir a la verdad y a los valores, muchas veces están al servicio del capital y ponen en peligro nuestra identidad y nuestras tradiciones”. El diagnóstico puede parecer crudo,  pero no como para rasgarse las vestiduras. Si monseñor Mejía Vásquez ha hablado de esa forma no es por otra razón que las perspectivas apocalípticas que derivan de estilos de vida como el que se ha instalado en el país. Y por más que alguien pueda querer engañarse hay que admitir que el religioso no está muy lejos de la verdad.

El Nacional

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