Pasarán muchos años para que desaparezcan los efectos de los siniestros atentados del 11 de septiembre de 2001 contra las torres gemelas de Nueva York y otros objetivos estadounidenses. A 12 años que se cumplen hoy de los atentados terroristas que causaron miles de muertos y heridos, así como cuantiosos daños materiales y la humillación del poderío norteamericano, el mundo todavía no es el mismo. Los atentados repercutieron en todo el planeta, con efectos catastróficos en la industria turística por el miedo que provocó abordar un avión y los viajes interoceánicos.
La eliminación física de Osama bin Laden, presunto autor intelectual de los ataques ejecutados por comandos de la red Al Qaeda, ni la guerra preventiva contra el terrorismo han supuesto la restauración de la seguridad ni la supresión de los traumas generados por los ataques del 11 de septiembre contra símbolos del poder económico y militar de Estados Unidos.
Dos aviones de pasajeros que salieron de aeropuertos estadounidenses fueron secuestrados por miembros de Al Qaeda que los estrellaron contra las torres gemelas. Otras naves fueron derribadas cuando sus secuestradores trataron de estrellarlas contra el edificio del Pentágono. La evocación de los atentados genera un lógico terror.
