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A la zaga

Para una administración no dada a admitir cuestionamientos, constituye una afrenta el informe que la coloca a la zaga en la lucha contra la pobreza. Latinobarómetro 2008 revela que República Dominicana encabeza los países que no han podido disminuir las desigualdades sociales. Una paradoja para una nación que se ufana de haber registrado el más alto crecimiento económico de la región y uno de los mayores del mundo, así como de contar con un sistema blindado ante los efectos de la crisis financiera mundial. ¿A qué se debe que, según el organismo internacional, el país no haya avanzado en la lucha contra las desigualdades sociales? La gente, según el estudio, tiene la percepción de que aquí se gobierna para los poderosos. En ese aspecto, los que piensan que se gobierna para los ricos, también encabezan la lista. Quizás el informe  motive a las autoridades a tomar más en cuenta a los sectores más necesitados en materia de distribución de la riqueza. Porque índices tan vergonzosos no deben repetirse. Ni por asomo.

Sensatez
en desarme

Lo ideal sería desarmar a toda la población como parte de las medidas para enfrentar la criminalidad y la delincuencia callejera. Pero es obvio que se trata de una utopía.

Porque se hace muy difícil desarmar a los delincuentes que tienen en ascuas a la ciudadanía con revólveres y pistolas compradas clandestinamente o adquiridas en atracos.

De ahí que los obispos Juan Antonio Flores Santana y Nicanor Peña estimen, con razón, que cualquier desarme de la población tiene que comenzar por la delincuencia.

 Es lo justo. No se puede despojar de un arma a un ciudadano que la ha comprado, que paga su permiso y que la tiene para defenderse frente a una delincuencia encrespada.

La lógica se impone no sólo frente a encuestas, sino ante censos y testimonios que se puedan invocar para justificar el desarme de los ciudadanos que utilizan revólveres y pistolas de manera legal.

La suma de los obispos a los sectores que favorecen la sensatez debería hacer reflexionar a las autoridades sobre el desarme de la población.

 A menos, por supuesto, que cuenten con algún mecanismo para desarmar a los delincuentes. De ser así habría que preguntar entonces ¿por qué no lo han hecho? La seguridad  no es cuestión de terquedad.

 

El Nacional

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