Arzobispado pone
Dedo en la llaga
En los actos conmemorativos con motivo del natalicio del patricio Juan Pablo Duarte, el Arzobispado de Santiago marcó la diferencia. No por la celebración de una vistosa o emocionante ceremonia, sino al cuestionar la hipocresía en los homenajes al padre de la nacionalidad. En realidad no hace más que poner el dedo en la llaga al cuestionar la falta de sinceridad en los elogios, pues se trata de la percepción que desde hace tiempo tiene un vasto segmento de la población.
En el editorial de su semanario “Camino”, titulado “Duarte en olvido”, el Arzobispado no ahorra críticas al subrayar que la transparencia y pulcritud en la administración de fondos son una pesadilla para quienes ejercen el poder, quienes “lo aplauden y lo veneran porque está muerto”.
Y agrega que el accionar de gran parte de la clase política dominicana hace tiempo que enterró los ideales y principios del Padre de la Patria. La verdad es que las ofrendas, mensajes y otras ceremonias se han quedado en el marco de actos protocolares y que los ideales de Duarte son más manipulados a conveniencia de ambiciones de poder que imitados.
La clase política debe ver el criterio de la Iglesia a propósito de los actos sobre Duarte como una radiografía que cuestiona su doble conducta.

