Al tapete Ley de partidos
El zarandeado proyecto de ley de partidos políticos no es verdad que va a erradicar el pernicioso clientelismo electoral, pero servirá sin duda como marco de un ejercicio que precisa de más regulaciones legales. No extraña que una pieza consensuada, que incluso formó parte del pacto para reformar la Constitución suscrito entre el entonces presidente Leonel Fernández y el titular del Partido Revolucionario Dominicano (PRD), Miguel Vargas Maldonado, no haya sido convertido en ley por el Congreso.
Las cámaras legislativas también hicieron caso omiso de la eliminación del oprobioso barrilito de los senadores que se acordó en uno de los frustratorios diálogos nacionales. Pero ahora que los obispos han retomado la urgencia de que se cuente con una ley de partidos políticos aumentan las posibilidades –en adición a las gestiones a que se ha comprometido monseñor Agripino Núñez Collado- de que el proyecto sea aprobado por las cámaras legislativas.
A veces resulta suspicaz que en un país saturado de leyes que no se cumplen, que se violan impunemente, el Congreso se resista a aprobar una legislación que, en la práctica, tampoco garantiza la eliminación en un ciento por ciento del clientelismo y el abuso de los recursos públicos durante los procesos electorales.

