Miguel Vargas
Victoria empañada
La victoria de Miguel Vargas Maldonado en la convención del Partido Revolucionario Dominicano (PRD) era un axioma. El evento había sido diseñado como un traje a la medida de sus aspiraciones de afianzarse como amo y señor del partido. Lo sorprendente fueron los incidentes y atropellos contra disidentes y la prensa, no obstante todas las medidas de seguridad que se habían adoptado para que la convención transcurriera en el orden más sumiso.
Los sucesos no solo restan legitimidad al 87% que obtuvo Vargas Maldonado, sino que realmente se elevan como una sombra sobre su victoria. Si bien es cierto que hace tiempo que el PRD perdió la mística democrática que caracterizaba sus procesos, la convención celebrada ayer, a la que concurrieron quienes todavía no han tirado la toalla, puede representar el golpe de gracia.
Tanto por los incidentes como por las dificultades para la prensa, el evento estuvo muy lejos de ese ejemplo de orden y disciplina que según Vargas Maldonado lo caracterizaría. La falta de garantías y transparencia de esa convención que ha ratificado a su presidente como amo y señor del perredeísmo constituye un atentado contra el sistema de partidos y, de paso, contra el zarandeado ejercicio democrático.

