Tras las muertes de los 11 niños en el Robert Reid Cabral han comenzado a brotar a borbotones muchos de los males que limitan los servicios y la capacidad de los hospitales públicos. No todo es falta de recursos, sino que en algunos casos, como en el Vinicio Calventi, de Los Alcarrizos, también se verifica dilapidación de recursos. Al menos, según el diagnóstico publicado por el periódico Hoy en su edición del sábado bajo la firma de la periodista Altagracia Ortiz G. El centro autogestionario está descalabrado financieramente, lo que especialistas atribuyen a la politiquería y el populismo.
Una de las razones es que tiene una nómina tan abultada, que no la salta un chivo. Otro centro con dificultades es el pediátrico Hugo Mendoza, con menos de un año en operación. El hospital tiene una nómina de 600 empleados y solo el departamento legal tiene 10 abogados.
Con esa carga, que constituye un desafío para la actual ministra de Salud Pública, Altagracia Guzmán Marcelino, los recursos no pueden alcanzar para satisfacer la demanda de servicios. No se puede negar que muchos centros requieren más asistencia, pero también una mejor administración para aprovechar al máximo los recursos. De lo contrario se estará siempre en lo mismo.

