Territorio frágil
Los aguaceros de estos días han vuelto a evidenciar la fragilidad del territorio a las inundaciones. Son millonarios los daños a la agricultura y la avicultura en las provincias afectadas por las lluvias y las subsecuentes crecidas de ríos y arroyos. El haitiano Nelson Pierre murió ahogado cuando trató de cruzar el río Arroyo Blanco Abajo, en Loma de Cabrera, Dajabón, que estaba crecido.
En la comunidad también hubo deslizamientos de tierra que interrumpieron el tránsito y causaron otros trastornos. Por ahora los mayores daños materiales se han reportado en Luperón, donde el Centro de Operaciones de Emergencia (COE) reportó la inundación de 477 viviendas.
El alcalde Danilo Morrobel ha clamado ayuda para las familias golpeadas por las riadas. Las lluvias, que inundaron Puerto Plata, Dajabón y Montecristi, también causaron cuantiosos daños en Valverde, María Trinidad Sánchez, Santiago, La Vega y en otras provincias. Aunque las previsiones son hoy más eficaces miles de familias que residen en zonas vulnerables sufren las consecuencias de la fragilidad del territorio cada vez que llueve con relativa intensidad.
Los daños que se evalúan siempre son los materiales, pero los emocionales, sobre todo en los niños, son también impactantes.
Valores familiares
Por las razones que fueren, no solo es real, sino altamente inquietante la crisis de valores que se ha enquistado en la sociedad dominicana. Los feminicidios, la alta participación de adolescentes en la criminalidad, los embarazos de jovencitas y la deserción escolar son algunos de los elementos que testimonian el derrotero que transita hoy la nación.
De ahí que resulte tan saludable la caminata “Un paso por mi familia” que convocó la Iglesia católica para el 23 de este mes con el propósito de combatir los antivalores que corroen a la sociedad. Además de una nutrida participación que llame la atención de la población, también se requiere que los sectores más sensatos reflexionen sobre una epidemia que destruye la cohesión de la familia como núcleo fundamental de la sociedad.
El respeto y los buenos modales se han perdido, en tanto las leyes se violan tan impunemente que la civilización y el derecho se resquebrajan a un estadio que no acaba de ser superado.

