La sensatez ha comenzado a ganar terreno en cuanto a la aprobación a la mayor brevedad de la controversial Ley de partidos y agrupaciones políticas. El presidente de la Cámara de Diputados, licenciado Julio César Valentín, ha contribuido a eliminar resquemores al afirmar que hay tiempo y voluntad para sancionar una legislación que está llamada a adecentar el ejercicio político. La Junta Central Electoral (JCE) y la sociedad civil han defendido el proyecto bajo el alegato de que servirá para controlar el uso de los recursos públicos y la penetración del narcotráfico en el proceso electoral. La proclamación de la Constitución ha contribuido a allanar el camino y a deponer resabios en torno a un proyecto cuya aprobación salva el acuerdo suscrito por el presidente Leonel Fernández y el ingeniero Miguel Vargas Maldonado. El Partido de la Liberación Dominicana (PLD) se ha visto mal parado ante la opinión pública con los obstáculos que ha enarbolado en torno a una pieza que también reprueba el transfuguismo político, una práctica que tanto denigra el quehacer partidario. Pero tras las seguridades del vicepresidente Rafael Alburquerque y la posición del presidente de la Cámara de Diputados es obvio que la sensatez gana terreno.
Decisión extrañaba
Extrañaba la declaración atribuida al secretario de Hacienda, licenciado Vicente Bengoa, según la cual tenía que entrar por Jimaní toda la ayuda destinada a Haití. De lo que se trató en un encuentro entre autoridades de ambos países fue de habilitar a la ciudad fronteriza como centro de acopio para agilizar las donaciones. A Bengoa, que estaba en el encuentro y que tiene que sacar la cara en muchos conflictos, se le pegó el desatino. La confusión debe servir de alerta en los ingentes afanes de convertir la tragedia haitiana en una suerte de pasarela para exhibir solidaridad y compasión, así como para ganar reconocimiento internacional. La aparente simpleza también indica que a tono con el camino de la recuperación Haití no debe olvidar su soberanía. El silencio que ha observado frente a conferencias y decisiones internacionales es visto como anuencia. Aún así, por improcedente extrañaba que Bengoa dijera lo que se le atribuyó respecto a las ayudas internacionales.
