Menéndez exhibe apoyo
Los 1.3 millones de dólares que recaudó para sus medios de defensa en su feudo de New Jersey prueban que el senador Bob Méndez no está solo, sino que cuenta con el respaldo de los suyos en el proceso por corrupción instrumentado en su contra.
La inocencia que ha proclamado es compartida por los ciudadanos que aportaron la respetable suma de dinero hasta el día antes de ser instruido de 14 cargos penales.
Los donantes en Estados Unidos no son anónimos e incluso tienen que justificar la procedencia de los aportes. Menéndez está acusado, entre otros cargos, de recibir soborno del oculista dominicano Salomón Melgen a cambio de favores políticos.
Melgen, quien está en prisión acusado de un presunto desfalco por 190 millones de dólares contra el Medicare, también se ha declarado inocente. Que la comunidad hiciera tan significativo aporte para la defensa del legislador demócrata expresa por lo menos la popularidad y el respeto de que goza entre los suyos.
Menéndez no solo ha insistido en su inocencia, sino que ha advertido que lo demostrará ante los tribunales. Por su repercusión el proceso, tanto contra él como contra Melgen, ha generado muchas expectativas por estos predios. Con razones más que justificadas.
Digno de aclararse
Por la particular etiqueta de poderoso y peligroso que Estados Unidos ha puesto a un dominicano detenido en Colombia por narcotráfico, sería interesante aclarar cómo el compatriota se las arregló para ser liberado por la justicia dominicana en 2003 después de ser detenido en 2002 con un cargamento de 546 kilos de cocaína.
El prontuario de Francisco Adolfo Merán Montero, quien se estableció hace más de cinco años en San Martín, ha salido a relucir ahora que fue detenido en la nación suramericana cuando supuestamente se proponía realizar una transacción de drogas.
Sería importante conocer las motivaciones invocadas por el magistrado para liberarlo y la decisión que adoptó al respecto el Ministerio Público.
Al ser capturado por agentes del FBI y de la Policía colombiana, Merán Montero ha sido descrito por la agencia antidrogas de Estados Unidos (DEA) como un hombre tan poderoso y peligroso como lo fueron en su tiempo el convicto Quirino Ernesto Paulino Castillo y José David Figueroa Agosto.

