Salvajismo
Crimen choferes
Rompe los parámetros de la tortura el caso de los choferes que eran secuestrados, maniatados de pies y manos y las cabezas cubiertas con fundas plásticas para luego ser lanzados vivos a una fosa hasta que perecieran. Eso hacía una despiadada banda que operaba en las carreteras del Este y de la que, según la Policía, formaban parte Radhamés A. Ramírez, Hugo A. Zorrilla Alfonseca y Tony Alberto Medrano Reynoso.
A principio de mes el sindicalista Juan Santana Soriano, de la Unión Nacional de Transportistas y Afines (Unatrafín), había denunciado la desaparición de los choferes Gary Wilson Rodríguez Castro y David Polanco, quienes trabajaban en las rutas del Este.
Más luego se denunció la desaparición del chofer de transporte pesado, Germán Arredondo Quezada. Por la confesión de Zorrilla Alfonseca, un antiguo presidiario, la Policía ubicó en un pozo de Guavaberry, San Pedro de Macorís, osamentas que corresponden a Arredondo Quezada y otros desaparecidos.
De un tiempo a esta parte han ocurrido crímenes cometidos con espantosa saña, pero jamás con tanta frialdad y horror. El caso de los choferes cuyos cadáveres fueron encontrados en una fosa es para auscultar los latidos de una sociedad que se deshumaniza.

