Monseñor Francisco José Arnaiz habló sin pelos en la lengua ante jueces de la Suprema Corte de Justicia durante la homilía con motivo del Poder Judicial, al expresar preocupación por lo que definió como grado de inseguridad y desorden generalizado que afecta al país. Como si fuera poco, Arnaiz reclamó a los jueces enviar a prisión a delincuentes de cuello blanco. Dijo que la sociedad reclama orden y justicia, tras afirmar que el estado de desorden que denuncia significa que hay ausencia de justicia. No hay dudas de que el prelado lanzó pelota sobre las cien millas al decir que los que suben al poder no van a solucionar los problemas sino a buscar provecho personal, por lo que instó a los jueces a aplicar justicia para que los delincuentes de cuello blanco, que no identificó, duerman en la cárcel. Jueces de las Altas Cortes oyeron lo que quizás no querían oír, pero de ahora en adelante no podrán alegar ignorancia.
Pedido odioso
Estados Unidos retorna a su vieja y odiada práctica de presionar a América Latina para que rompan o entablen relaciones diplomáticas con terceros según convenga a los intereses de Washington. Esta vez, el Departamento de Estado advierte a la región mantenerse alejada del Gobierno de Irán al que presiona para que ponga fin a su programa nuclear. La advertencia coincide con la gira a América Latina que emprenderá el presidente Iraní Mahmud Ahmadineyad, que incluye Venezuela, Nicaragua, Cuba y Ecuador. El pedido de Estados Unidos para que los países del área se mantengan lejos de Irán es de mal gusto sin negar que la comunidad internacional deba presionar a Teherán para que socialice su programa nuclear y evite convertirse en un peligro para la paz mundial. A la ONU compete sugerir mediante resolución algún tipo de aislamiento diplomático o comercial contra Irán, pero es contrario al derecho internacional que un país, por poderoso que sea, intente escoger los amigos y enemigos de otra nación.

