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En Nicaragua

Inquieta proceso

La abstención de más de un 70% es suficiente para ensombrecer los resultados de las elecciones del domingo en Nicaragua. Si bien no es el único elemento que cuestiona los resultados, tampoco es como para que Estados Unidos reviva momentos de la guerra fría con su amenaza contra las autoridades electas.

En modo alguno se pueden justificar las irregularidades, pero es bien sabido que la dispersa oposición no tenía la más remota posibilidad de derrotar al candidato a la reelección del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), Daniel Ortega. Ni siquiera en los mismos Estados Unidos, que es mucho decir, las elecciones se caracterizan por la más absoluta transparencia.

La preocupación sobre el proceso nicaragüense, que el Departamento de Estado calificó de “viciado”, representa una nota inquietante, porque puede significar un pretexto para violar la Carta Democrática Interamericana.

A Ortega, quien se acompañó de su esposa Rosario Murillo a la vicepresidencia y que obtuvo un astronómico 72%, se le puede cuestionar su ambición de poder o que trate de crear una dinastía, pero no que gane elecciones libres, con el respaldo de los electores. Aunque pueda demostrarse de mil maneras que las elecciones no fueron justas y que el sandinismo se sirvió con la cuchara grande.

El Nacional

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