La macabra escena de los soldados estadounidenses orinando cadáveres de supuestos talibanes es otra cosecha negativa de la censurable intervención en Afganistán a nombre de la lucha contra el terrorismo. Es posible que la cruel y despiadada conducta de los militares no sea la única escena censurable que salga a relucir sobre la larga guerra contra el movimiento talibán. Pero tampoco es la primera nota de humilláciòn captada por los medios protagonizada por fuerzas estadounidenses durante la invasión de Afganistán e Irak. El cruel episodio ha recordado los escandalosos abusos, que indignaron a todos los sectores, cometidos por militares estadounidenses contra iraquíes en la cárcel de Abu Gharaib. El caso es otro elemento que debe poner al presidente estadounidense Barack Obama a reflexionar sobre el oprobio de Guantánamo, donde desde hace 10 años hay decenas de presos sin expedientes sólo por la presunción de terroristas. La sanción que puedan recibir los soldados no serviría de ejemplo, pues la conducta puede ser efecto de la determinación de castigar con dureza al movimiento talibán. Los autores de la infamia que fueron fotografiados orinando los cuerpos sin vida no son los únicos responsbles. Que conste.
Extraña aclaración
Desde un primer momento se ha atribuido al consultor francés Jacques Attali el diseño de la Estrategia Nacional de Desarrollo que acaba de aprobar el Congreso. Pero sorprende que sea precisamente ahora cuando el ministro de Economía, Temístocles Montás, reivinque sus méritos y los de otros grupos sociales con relación a lo que se denominó incluso como Informe Attali. El funcionario alega que todas y cada una de las facetas, que responden a la Ley 498-06, que crea el Sistema Nacional de Planificación e Inversión Pública, estuvieron bajo la conducción conjunta del ministerio que dirige y el Consejo Nacional de Reforma. Hubiera sido oportuno que también aclarara cuánto se pagó por los servicios de Attali, además de si eran necesario para un proyecto que desde su punto de vista había sido prácticamente consensuado. También desde un primer momento se ha dicho repetidamente que el experto francés recibió un millón de dólares.

